20/12/11

Adiós al SECRETO: Las Verdades Incómodas de la "Ley de la Atracción"



“El individuo deja de ser él mismo; adopta por completo el tipo de personalidad que le proporcionan las pautas culturales, y por lo tanto se transforma en un ser exactamente igual a todo el mundo” (Erich Fromm)

Por: Oswaldo Bernal
@filosofogriego
Empecemos.

La SUPUESTA “ley de la atracción” expresada comercialmente bajo el sobrenombre de “El secreto”, no merece por sí misma tanta atención como para dedicarle unas palabras, pero sino viera a mi alrededor a tanta gente que respeto y aprecio hablando con extraña naturalidad de ella y usando ciertos enunciados con un tono de “nueva verdad”, y “de última revelación” no tendría sentido este ensayo. Así que espero provocar el estallido de tan abundantes “ideas y placebos” que se exhiben en las librerías, en las cajas de los supermercados de cadena, en los puestos callejeros de literatura pirata y en el internet, dejando dichas creencias y a quienes las apoyan ferviente e ingenuamente convertidos en un rompecabezas de dudas y vacío, algo así como la materia básica de la que estamos hechos.

El derecho a la estupidez.

Yo soy un franco defensor de la libertad de expresión, ello incluye la defensa de cualquiera que exprese sus ideas aunque no las comparta, como es el caso. Para mí, esto de “El Secreto” y la “ley de la atracción” no son más que un sancocho de afirmaciones -con el perdón de los sancochos que son tan ricos-[1] que hábilmente se ofrece como la más reciente fórmula “salvadora” para una vida consumista sin sentido. Y la verdad, dicha fórmula es bastante patética para mi gusto. Sin embargo, debo justificar mis desmanes verbales para no pasar como un intolerante cualquiera.

No me vengan con creencias.

Todos creemos en algo, eso es claro aunque no es obvio para todos. Las creencias hay que deshipotecárselas a la religión, porque hay quienes piensan que cuando de creencias se trata, en el fondo estamos hablando de Dios… o cosas más importantes. Las creencias son las ideas que hemos seleccionado o heredado de nuestro contexto (familia, amigos, pareja, enemigos, TV… etc.) y que nos sirven de balsa para sobrevivir en este tormentoso río de la existencia. Son el traje que llevamos puesto en este mar de símbolos que es nuestra realidad humana.

Y si bien es indiscutible que cada quien puede creer en lo que se le antoje, lo cierto es que cuando uno empieza a ofrecerle su balsa a otros para que se “salven” como uno, se entra así en el terreno de lo público[2] y debemos atenernos a la primera de las consecuencias, o sea, la crítica[3].

Adivinen: No hay secreto.

No hay SECRETO, ese es el punto. Cuando vi por primera vez el video EL SECRETO (que es igual al libro del mismo nombre) creía que sería algo así como El código Da Vinci, divertido y mordaz -por supuesto que me equivoqué-.

Al paso de los minutos me sentí contemplando una desbandada de pájaros descontrolados, como cuando alguien en un escrito forzosamente cita autores con el propósito de “hacerlos decir” cualquier cosa; la diferencia es que aquí no eran obligados. Físicos, metafísicos, esotéricos, filósofos –confieso que me da mucho qué pensar que un “filósofo” haya salido ahí[4]- y otros perfiles aparecen despachándose en aseveraciones, análisis y reflexiones de carácter esotérico, y acomodadizo sobre -¡Oh! ¡Sorpresa!- “una de las grandes verdades del Universo”: La ley de la atracción.

Ley de la atracción que fue reciente y convenientemente redescubierta – ¡He ahí el Secreto… comercial!- y divulgada en un filme “documental” exitoso dirigido por Drew Heriot –con el perdón de los documentalistas- que abrió la puerta a cosas menos espectaculares, de hecho, muy básicas para mi gusto. Pero como si fuera poco no sólo hay uno, ni dos, sino tres DVD diferentes sobre “El Secreto”, todos son una redundancia de afirmaciones inconexas entre ideas de auto superación, teorías científicas, esoterismo y psicología motivacional de masas.

Platón y Da Vinci no eran amigos.


Creer que realmente existe algo así como el SECRETO, es como creer en las conspiraciones transnacionales de control mundial[5] o en las historias del código Da Vinci… -ahora, si usted cree fervientemente en estas conspiraciones mejor ajústese el cinturón de seguridad porque va a sentirse en caída libre sin paracaídas.

El punto es que la idea de que los grandes personajes históricos como Platón, Da Vinci y Newton “descubrieran” una Verdad  Universal por diferentes caminos, o  que se trasmitieran de forma hermética dicha verdad “originaria” a través de los siglos, resulta atractiva, interesante e ingenua, demasiado ingenua al carecer de elementos históricos de juicio que respalden semejante afirmación.

La ausencia de elementos históricos hace que tan espectacular narración, no pase de ser un chisme mal contado que no merece llamarse ficción –por respeto a la literatura de ficción que es tan valiosa-. NO HAY SECRETO, porque NADIE OCULTO NADA. PORQUE NO HUBO, NI HAY NADA QUE OCULTAR.

Adiós al Egocentrismo de la ciencia.

Sea este el momento para actualizar a quienes inocentemente creen en versiones anticuadas de la ciencia. Me refiero a quienes todavía creen que la ciencia en general la constituyen un grupo selecto de científicos encerrados en sus laboratorios que de cuando en cuando determinan que algo es científico asignándole un carácter de verdad absoluto, negando por consiguiente toda explicación alternativa, y obedeciendo a sus criterios gremiales, algo así como si los científicos fueran un conjunto de mentes con un solo pensamiento.

Hoy la ciencia es quizás más abierta que nunca, y NO se erige como verdad absoluta, sino que se enfrenta a los fenómenos del mundo con la mente y los ojos bien abiertos, ahora los resultados se consideran como perfectibles atendiendo a la mejora en las explicaciones y a la mejora en los procedimientos y sus instrumentos, pero también se reconoce competente, capaz y responsable. No se juega a hacer ciencia, por eso no todos pueden incursionar en dichos terrenos. Del mismo modo, los científicos se reconocen como agentes con intereses particulares y personales, con conflictos y creencias, con límites y posibilidades. Hoy la ciencia se constituye como un proceso permanente, colectivo, crítico y riguroso en la búsqueda de la comprensión de los fenómenos que acontecen día a día en nuestra realidad.

Este es el marco en el que me ubico, y desde el cual considero detalladamente las aseveraciones de la supuesta “ley de la atracción”.



A la naturaleza no se le imponen leyes.

A mí me gustaría que en el mundo hubiera un lugar en el que la gravedad no existiera, de modo que pudiera flotar como lo hacen los astronautas en el espacio, pero lo cierto es que no lo hay, y quizás por eso mi deseo sigue vigente anhelando lo que por el momento no existe en este planeta.

¿Pero cómo sé que no existe tal lugar, si apenas conozco la geografía de mi país? Pues la cosa está en que cuando a Newton se le dio por estudiar los fenómenos de la caída de los objetos tras unas vacaciones en Lincolnshire (Gell-Mann, 1995) de donde recordamos el episodio de la manzana cayendo sobre su cabeza, sus ideas fueron puestas a prueba (crítica formal y sistemática), y cuando fueron validadas física y matemáticamente, dichas ideas entraron en el rango de leyes de la naturaleza, en la medida en que se presentaban como constantes físicas en cualquier parte de este planeta. De allí que no fue caprichosamente como se abrió paso la “ley de la gravitación” propuesta por Newton, sino que dicha ley emergió para la ciencia tras un largo y riguroso proceso de validación.

Así que cada vez que ingenuamente oigo a algunas personas enunciar la frase “Es que la ley de la atracción… esto… o aquello…” me pregunto sorprendido, de cuando acá apareció esta ley porque aunque tiene muchos seguidores no tiene muchos defensores, o por lo menos, nadie se postula como tal. Bueno, claro está que como es un secreto, la idea de fondo es que nadie sepa cómo ni cuándo apareció, pero esperan que creamos ciegamente que es verdad.

No más palabras al respecto. Esto que se llama “ley” no es ley, por lo menos en este universo que vamos conociendo, así que les ruego por favor dejar de referirse a esta creencia como ley. Y así mismo, los invito a dejar quieto el tema de la física cuántica que tan ampliamente es desconocida y tan penosamente es presentada. Porque para quien no sepa, la física cuántica es parte de la ciencia física y aunque sus objetos de estudios son particularmente “nuevos” e indeterminados -como nos señala Heisenberg- lejos está la física cuántica de caer en el terreno de los caprichos metafísicos de quienes desean convertir en ley cualquier cosa.

Más atracción, menos inteligencia: El universo moral.



Así como a mí me gustaría que existiera un lugar de ingravidez donde uno pudiera divertirse en este planeta, hay personas que desean fervientemente cosas de tipo moral y material, como por ejemplo, que los malos siempre reciban su castigo, o que los seres que amamos nunca les pase nada malo. Pero con solo abrir los ojos nos damos cuenta de todo lo contrario: los malos en la mayoría de los casos nunca son atrapados; hay gente excepcional y con una calidad humana impresionante que se ven sometidos a un sinnúmero de fatalidades que nadie desea para sí mismo, ni nadie desea para los demás –como verán este es mi deseo personal que por demás la realidad rectifica constantemente, pues sí hay gente que se desea para sí misma y para otras personas males innombrables-. No por mucho desear ganarse la lotería la gente se la gana, ni obtiene la salud, ni evita la vejez Buda bien sabía esto.

Lo clave que quiero señalar es que la “ley de la atracción”, que ya sabemos que no es ley de nada, promueve la idea de que el “pensamiento humano”[6] es rector del Universo. Es decir, que tú, sí tú, un mortal más entre los mortales sólo debes poner suficiente fe y confianza en tus deseos y el universo se encargará de conspirar a tu favor en la consecución de los mismos. Es decir, la “ley de la atracción” te invita a programarte mentalmente para que creas que pensando “positivamente[7]” el universo te corresponderá con recompensas positivas permitiéndote alcanzar tus deseos: la idea es atraer con tu pensamiento lo que desees.

Para ser más directo, los “creyentes” encuentran en la “ley de la atracción” una forma de actualizar los mecanismos para obtener favores de Dios, los dioses, los santos, los espíritus o cualquier otro ser imaginario con superpoderes, reemplazando las prácticas de buena conducta -que en occidente suelen ser los 10 mandamientos- por una interacción directa con el Universo que sólo exige del creyente una ilimitada capacidad de autoengaño para que irracionalmente, sin atender a nuestra habilidad de planear y medir riesgos, nos consumamos en la fe y en la esperanza de que TODO SALDRÁ BIEN, SIN IMPORTAR LAS CIRCUNSTANCIAS FAVORABLES O DESFAVORABLES QUE NOS ACOMPAÑEN.

Con el nuevo “positivismo” no necesitas razonar nada, basta con que tu fuerza para creer sea la indicada y el universo atraerá hacia a ti lo deseado, lo que me recuerda mucho las propagandas del indio amazónico que se basan en ponerle mucha fe a los remedios y pagar los costosos tratamientos del yerbatero más famoso de Colombia.

Aunque he de confesar que he escuchado a ciertas personas atribuyendo no solo tal poder de atracción al pensamiento, sino que dotan de características poco innovadoras al Universo personificándolo, para que en caso de que tus deseos no se cumplan –como es de esperar- refuerces tu autoengaño afirmando que “EL UNIVERSO SABE LO QUE ES BUENO PARA TI Y SI NO CONSEGUISTE “X” COSA, DEBÍO HABER SIDO POR ALGUNA BUENA RAZÓN”.

¡No te me acerques que estás triste!

Finalmente, en este marco de “positivismo” queda una última recomendación, a saber: aléjate de las personas “negativistas”. Esto es lo más gracioso de todo: ¿Quiénes son las personas negativistas? Pues aquellas que “solo se la pasan quejándose” o que viven entre problemas, o que según tu criterio personal “tengan mala energía”… en este caso, todo el que te caiga mal puede ser un candidato para excluir de tu vida… en fin, la cosa es que debes rodearte de lo “bueno=positivo” y alejarte de lo “malo=negativo”, al final esta es una suerte de maniqueísmo-místico-posmoderno.[8]

Así que más allá de los placebos que la gente guste auto administrarse, sean de corte psicológico o metafísico el punto que quiero dejar en claro es que por más que lo deseemos el universo no es un ser inteligente que interactúa con nosotros, y mucho menos nosotros controlamos el cosmos. Así las cosas, creo que la relación es inversamente proporcional, por decirlo de alguna pues mientras más personas insistan en seguir irracionalmente este tipo de “creencias” nocivas para la salud de la humanidad, menos inteligentes nos volvemos.

La muerte y la fiesta: La ingenuidad irresponsable.

No quiero pasar este punto sin decir desconcertado que escuché una entrevista realizada hace ya unos días a la Sra. Carmenza Carvajal quien hablaba en el programa “Mujeres W” de la W Radio acerca de las energías, y ponía  unos casos paradigmáticos para percibir energías: los funerales y las fiestas. La Sra. Carvajal decía que uno al entrar a un funeral percibía una carga negativa de energía, y contrario a esto en las fiestas la energía era positiva. Ustedes reconocerán lo trivial y ridículo de la anterior aseveración, pero para no dar por supuesto nada, paso a explicarlo:

Dada nuestra cultura occidental nosotros configuramos realidades simbólicas, sociológicas, psicológicas y emocionales alrededor de determinados fenómenos, entre ellos la muerte que tiene una carga negativa de dolor y ausencia. Así que si entramos en un ambiente de duelo –a menos que fuéramos piedras- tendríamos que sentir algo, y no precisamente energías negativas, porque la muerte y el dolor no son negativos en sí mismos, solo son realidades humanas. Lo que sentiríamos emerge de nuestro principio de empatía, que es la capacidad de asumir cómo el “otro” se puede sentir en determinada situación, lo que sumado a nuestra cultura no da chance para “sentirnos muy felices” en un ambiente de duelo. Por su parte la fiesta presenta la otra cara de la moneda al encarnar simbólicamente la alegría, y trasmitir sensaciones de bienestar, desenfado y gozo a quien se pone en contacto con dichos ambientes. He aquí que no son energías metafísicas o cuánticas sino actitudes y reacciones muy concretas y entendibles, aprendidas y replicadas por varios siglos.

Baste dejar en la mente de ustedes los casos mestizos que me fascinan como la celebración de la Santa Muerte en México que festejan (energía positiva) la muerte (energía negativa), o algunas celebraciones de la región norte de Colombia en donde la muerte se festeja como la partida hacia una mejor vida de un ser querido, y toda despedida que se respete incluye parranda vallenata, baile y fiesta.

Disculpen por esta mención tan puntual pero quiero mostrar, por un lado, cómo los medios de comunicación dan voz a cualquier pseudocientífico, y por otro lado, quiero mostrar la ingenuidad irresponsable con la que se abordan estos temas que en la mayoría de los casos refieren todo lo de las energías negativas y positivas simplemente a la sensación que te trasmite otra personas al interactuar con ella, por ejemplo: si alguien se opone a tus ideas tendrá energía negativa (porque no te gustó lo que te dijo), y si es al contrario será positiva. ¡Carajo! Con razón hay tanto estafador.



¿Puedo desear lo que quiera?

El punto más preocupante, y es al que me refería tácitamente unos párrafos atrás cuando hablaba de cómo tras “El Secreto” estaban “cosas menos espectaculares y muy básicas”: apuntaba al objeto de nuestros deseos, es decir, las cosas que podemos desear con la “ley de la atracción”.

Aunque pudiera resultar muy atractiva la idea de acomodar el universo a nuestros deseos, la imagen que se viene a mi mente es la de un grupo de niños halando de múltiples extremos un pedazo de tela que finalmente terminan destrozando, pero por eso quizás la “ley de la atracción” no versa sobre cualquier tipo de deseos, pues dejando de lado el deseo por la paz mundial u otras aspiraciones filantrópicas, hemos de centrarnos en cosas concretas y específicamente materiales que se constituirán la idea de felicidad que subyace a este modelo metafísico de autocomplacencia y motivación.

La cosa es la siguiente, con el fin de “visualizar” tus deseos te proponen la estrategia –que he visto replicada en tres casos cercanos- de recortar, imprimir o crear un collage con los objetos asociados a tu idea de felicidad. Así pues, vemos collages con casas lujosas, apartamentos, familias sonrientes, grandes y lejanos paraísos, automóviles, bebés, etc., y obviamente para hacer más personal tu visualización te aconsejan poner una fotografía tuya  “dentro del automóvil o la casa” con ello se personaliza el sueño.

Definitivamente el problema no está en desear cosas materiales –pues resulta inevitable en nuestra aterradora economía consumista-, sin embargo, el problema está en la reducción silenciosa que se hace de la “felicidad” (fin) a unos medios concretos: objetos de consumo (medios). Ahora bien, si alguien considera que su felicidad es la acumulación de automóviles nuevos en un garaje gigantesco, o la compra compulsiva de zapatos y vestidos, está en todo su derecho, pero no me venga a decir que esto es “deseable para todos” porque no lo es.

Soy idealista, y espero que comprendan que ir a los centros comerciales los fines de semana para calcular en qué me voy a gastar el salario del próximo mes no me genera ningún tipo de placer, excitación o sensación agradable. He de declararme amante de lo inasible, de las experiencias y sobre todo de lo inmaterial, de suerte que si a esta vida he de crearle un sentido, no será a través mi cuenta de ahorros y del placer de deslizar mi tarjeta de crédito por el lector automático que me acercará cada vez más a la felicidad que “El secreto” me ha ayudado a soñar.

Me niego a ser un engranaje perfecto de este sistema de consumo, y la verdad, los invito para que sean piezas imperfectas del sistema. Sin embargo, el punto que quiero señalar es que bajo este modelo no puedes desear cualquier cosa porque la lógica consumista que lo alienta no te permitiría llegar nunca a alcanzar tus anhelos si no son materiales.

Tus deseos deben ser concretos, y deben tener precios concretos, de modo que creas que son alcanzables –con esfuerzos pero alcanzables- , una vez los haz definido te debes dedicar con la mejor actitud a trabajar ciega y positivamente en generar el dinero para adquirirlo, esto sonriendo a todos, ocultando tus malas energías y alejándote de los problemas de los demás y sus malas energías que pueden perjudicar que alcances tus objetivos. Así pues, se inicia la lógica del deseo, nuestro deseo –material- se verá impelido por la novedad, la sensación redentora de sentirte libre y feliz comprando cosas innecesarias pero deseadas, para luego desecharlas porque habrás renovado tus deseos infinitamente como lo hace la moda y sus tendencias cíclicas y repetitivamente renovadoras.

No estamos solos en el universo consumista.

Este proceso de desintegración mental que se consolida en esta pobre y popular manera de ver el mundo, o lo que he denominado el modelo metafísico de autocomplacencia y motivación, no ha llegado de forma gratuita a nosotros. Es una respuesta sistemática a la postura existencialista –con toque pesimistas y/o realistas- que heredamos de la II Guerra Mundial. El sistema económico capitalista que se encontraba en pugna con su antítesis comunista debía propender por la generación de un ambiente de libertad y de progreso, por la creación de industria y la estimulación de la competencia, por eso debía poner a funcionar el motor básico del sistema, a saber, el consumismo.

Para ello poco a poco se configuran discursos de liderazgo empresarial, automotivación, autoayuda y superación personal tales como “sea el primero”, “cómo ser exitosos en la vida”, “sea el número uno” y “cómo volverse millonario en 5 pasos”…  que esperan alentar a las nuevas generaciones a olvidar el oscuro pasado y proyectarse hacia el futuro… consolidando la idea de superación y progreso. Estos discursos siguen apareciendo ininterrumpidamente hasta hoy con versiones recientes, y no menos vergonzosas que se venden como Best Sellers y que estimulan al lector con textos y metáforas baratas, que insuflan espíritu renovados al ánimo que decae ante un mundo que no se acomoda a los deseos de los  “auto engañados” por más positivos que sean, un mundo que no da respuestas con el consumismo a nuestras necesidades más profundas.

Así aparecen grandes obras como “Padre rico, padre pobre”, “¿Quién se robó mi queso?”, “La culpa es de la Vaca” (en sus múltiples versiones), “Mi fórmula para triunfar”, “Actitud positiva”, etc. Ha habido una crisis y el sistema ha ofrecido una alternativa, dicha salida tiene muchas versiones pero un lector aguzado detectará los mismos principios en todas ellas: la motivación mediante el consumo y el no cuestionamiento de nada.


Esta corta descripción es tan sólo una presentación de un fenómeno histórico que tiene tanto de largo como de ancho, y que requeriría más páginas de las que he gastado hasta ahora para analizarlo, sin embargo, señalo los referentes grosso modo con el fin de contextualizar un poco más este tema.

Al universo no le gustan los tristes anarquistas.

Para culminar he de señalar que las ideas propuestas por “EL SECRETO” configuran una manera de ver el universo y de ver nuestro lugar en él. Esta forma aunque carente de sentido genuino y valor, ha significado la salvación para muchas personas que sumidas en el tedio “no sabían cómo salir adelante”, y ahora se han realizado como felices miembros del sistema consumista en el que nos movemos. Este es pues un modelo omnicomprensivo que no deja nada suelto pues se postula como una realidad “anclada en la ciencia”- lo cual no es cierto-, pero que va más allá al elevarse como un modelo metafísico del consumo basado en el engaño de que nos debemos blindar de las cosas “malas” que puedan desmotivarnos y sacarnos del sueño del positivismo, por lo que se basa en la autocomplacencia asumiendo como efecto de la ley de la atracción todo lo “bueno”; y alejándose –aislándose- realmente de todos aquellos que no compartan en definitiva su visión del universo, de tal suerte que, si has aprendido bien la lección deberás sonreír idiotamente por los siglos de los siglos, pues tu motivación en el círculo del engaño no cesará jamás.

Amando los problemas…

Los problemas existen así nosotros no los deseemos, y en la mayoría de los casos las situaciones problemáticas son las más formativas que podamos tener. Nada mejor para aprender qué es lo que tenemos y sabemos que una buena derrota.

Claro está que esperamos que no lleguen dichas situaciones, pero encerrándonos en nuestra burbuja de cristal los problemas no desaparecerán. Todo problema se puede convertir en una posibilidad de éxito o fracaso, sin embargo, no será creyendo que somos buenos como saldremos adelante; todo lo contario, solo siendo buenos, lo creamos o no saldremos adelante. Las dificultades que constituyen la vida no son opcionales, son permanentes… y en ello radica la habilidad para vivir bien, en saber cómo lidiar con ellas.

“Según mi moral, en cambio, debemos respetar más aquello en lo que hemos fracasado, precisamente porque hemos fracasado”. (Nietzsche, 2004, p. 56)
Espero que tengamos la entereza de enfrentarnos en el mundo real a situaciones y personas que nos pongan a prueba, que nos exijan y de las que aprendamos nos guste o no. No podemos por lo tanto darles la espalda a los otros con la excusa de las malas energías porque el dolor y la tristeza hacen parte esencial de la vida igual que las sonrisas y las alegrías. No debemos negar nuestros sentimientos, sean los que sean, al final ser auténticos es lo único que nos queda tras esta mascarada.

Espero que consigamos motivarnos y desmotivarnos por cosas de verdad, y que aprendamos a vivir con ello, en vez de auto engañarnos para evitar el dolor. No seamos indiferentes, ni idiotas complacientes, y si hemos de superar algo superémonos a nosotros mismos y salgamos de este estado de minoría de edad -como dice Kant- que nos agobia en este nuevo siglo. Vivamos con la certeza de que nuestros actos construyen el futuro, no por fuerza de positivismo, sino gracias a nuestro trabajo cotidiano, a la pasión, a la escucha, al silencio y nuestra capacidad para imaginar, soñar, pensar y trabajar.

Deshipotecando las motivaciones

Existen muchas cosas que controlamos en nuestras vidas, y un número mayor de cosas que no controlamos; por esto, debemos estar atentos para no desgastar nuestra existencia en vano –Buda nos da buenas técnicas al respecto-. En esta medida quiero rescatar del foso desprestigiado del Secreto a la MOTIVACIÓN.

La motivación es esta idea de encontrar o asignar a las acciones cotidianas y rutinarias valores agregados que nos impulsan a ir más allá, a trabajar más duro, a dedicarnos con pasión en algo. Aquí cada quien es autónomo de poner en la perspectiva que quiera sus labores cotidianas, por ejemplo, si alguien trabaja en un cargo que no le gusta pues esto puede ser un sacrificio mientras ahorra dinero y se independiza, y en la mayoría de los casos somos nosotros quienes nos motivamos, es decir, que la automotivación ha existido antes de estos discursos de poca monta. Nosotros construimos nuestra perspectiva de vida, y en ella establecemos nuestras metas y sueños, y trabajamos por ellos: esto es tener motivación autónoma y personal. Por su parte, ver repetidamente videos y lecturas auto motivacionales y de autoayuda para que podamos soñarnos a nosotros mismos debe ser tomado como un síntoma de la incapacidad vital de nuestra sociedad para tener existencias genuinas, esta sociedad que nos aniquila y transforma nuestros sueños en catálogos de compras y ofertas, de rebajas y descuentos para nuestros fines de semana.

Así que no confundan a  quienes tienen motivaciones con los seguidores del SECRETO.

RECOMENDACIÓN PARA PROFESIONALES

Es ya un lugar común encontrar profesionales de psicología, pedagogía y otras áreas relacionadas hablando y citando “barbaridades” y percepciones metafísicas como si fueran dictámenes médicos y científicos… por favor, omitan sus apreciaciones pseudoesprirituales y dedíquense a ser buenos profesionales, sino pueden ¡renuncien! pero absténganse de incluir discursos como los del secreto y la ley de la atracción en su trabajo profesional… el daño causado es infinito y el resultado en el mundo es dañino.
Frases Finales

“Dinero, éxito y felicidad no son lo mismo”.

“No me gusta que me digan a quien debo alejar o no de mi vida, ni qué sentimientos debo ocultar, y qué cosas debo sentir. El positivismo u optimismo consumista termina siendo la máxima negación de nuestra naturaleza”.

“No hay ninguna ley en el Universo que nos asegure la FELICIDAD”

LISTA DE REFERENCIAS

Gell-Mann, Murray. (1995). El quark y el jaguar. Trad. Ambrosio García y Romualdo Pastor. Barcelona: Tusquets Editores.

Web de la Sra. Carmenza Carvajal Brand http://carmenzacarvajalb.com/

Kant, I. (2005). Crítica de la Razón Pura. Barcelona: Alfaguara.

Fromm E. (2000). El miedo a la Libertad. Madrid: Taurus.

Levi, E. (1975). La clave de los misterios. Quito: Ariel

Nietzsche, F. (2004). Ecce Homo. Cómo se llega a ser lo que se es. Buenos Aires: Longseller.

Nietzsche, F. (2006). Sobre Verdad y mentira en sentido extramoral. Bogotá D.C.: UNAL.

“El Secreto 1 y 3”. Formato DVD.

Hurtado, G. (Abril/2010) ¿Nueva Realidad? En LECTURAS. EL TIEMPO. Bogotá. D.C. p.13




[1] En Colombia y gran parte de Latinoamérica el sancocho, que por cierto es delicioso, es una “Olla compuesta de carne, yuca, plátano y otros ingredientes, y que se toma en el almuerzo”. En este caso, lo de sancocho lo digo por el revuelto de cosas, porque cualquier persona educada se dará cuenta de lo poco nutritivo de dichas ideas.
[2] No importan lo ridículas que sean tus creencias, siempre que las guardes para ti mismo. Cuando abres la boca los otros inevitablemente tendrán una opinión al respecto, y puede o no concordar contigo: He ahí la esencia de las relaciones humanas.
[3] La crítica es el ejercicio reflexivo más valioso de la cultura occidental porque parte de la base de que todo puede ser cuestionado, en búsqueda de sus errores, fallas y fortalezas. Sólo así podemos escoger entre las mejores opciones, negar este ejercicio es declararse fuera del juego y estar dispuesto a creer cualquier cosa, con o sin razones.
[4] Me da mucho que pensar, sobre todo pienso en la vergüenza que representa para el gremio de quienes nos esforzamos por hacer de la filosofía algo más que especulaciones baratas.
[5] Conspiraciones en las que  bien podría creer con tanto documental de Discovery, History y NatGeo; pero frente a las cuales no me erigiría como apologista, pues un programa de televisión no es suficiente para salir a gritar al mundo nuestras sospechas por más interesantes que sean.
[6] Del que apenas tenemos idea de qué es, y aún no comprendemos cabalmente cómo funciona.
[7] Dentro de los círculos de los seguidores del Secreto, esto se llama positivismo. Yo prefiero seguir llamando positivismo al esfuerzo de August Comte, y a la loable tarea del Círculo de Viena y su positivismo lógico.
[8] Este maniqueísmo además de ser la tendencia a interpretar la realidad sobre la base de una valoración dicotómica (DRAE), se muestra absolutamente hermético e irracional apelando a principios que niegan de antemano todo tipo de lógica o razonamiento serio, sistemático o profundo. Hay incluso quien se molesta cuando se le pregunta sobre sus creencias, y las razones sobre las que se cimientan.

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