20/3/17

¿Por qué le pasan cosas malas a la gente buena?


¿Por qué le pasan cosas malas a la gente buena? 

Un libro que puedes botar cuando quieras. 

Por Oswaldo Bernal








La pregunta que titula a un libro, que por cierto parece que vende mucho -lo cual me alegra porque confirma mi punto de crítica-, solo evidencia el sinsentido, lo pobre, mal redactada, vacía, o cuando menos cándida y prejuiciosa pregunta que solo puede atraer a lectores del mismo estilo. Lo siento por quien se considere de mejor estirpe que el libro que lee, pero para bien o mal, somos en buena medida lo que leemos. 


Este libro no tuve el pesar de leerlo completo, pero hay cosas que es mejor no terminar, aunque ello no me libró de que me lo refirieran de manera "evangélica" como quien ha encontrado una nueva verdad y no puede negarse a compartirla por lo que terminé enterándome del contenido de todo el texto. Así las cosas, mejor vamos al grano, vamos a la pregunta porque al final, el libro solo da respuesta a esta pregunta, entonces, exploremos lo que se esconde tras la pregunta. 



¿Por qué le pasan cosas malas a la gente buena?


Punto 1: ¡¿En serio alguien con algún criterio espera dar cuenta del porqué fundamental, detrás de hechos aleatorios e inconexos como lo que llamamos “gente buena” y “cosas malas”?!. Basta ya de ingenuidades y engaños: La verdad más escueta de la que podemos hablar es “a la gente le pasan cosas, y punto final”.

¡¿De cuándo acá existe algo así como “gente buena”?! No es acaso esta expresión de los mismos fabricantes de las expresiones “gente de bien”, o “gente bien”, expresiones con sentidos diferentes, por demás. ¿Y quién le cree al pobre autor de ese libro la artificiosa división moral de la población? Se nota que vive y escribe para habitantes, muchos al parecer, de un mundo dicotómico moral en el que las cosas son binarias: buenas o malas. El día que salgan de la burbuja en que habitan abrirán los ojos al mundo diverso en el que no hay algo como la “gente buena”, hay gente, tan compleja, diversa y diferente, que entre sí pudieran categorizarse de las maneras aún más diversas, viendo a unos como los más notables bondadosos y otros como el mal encarnado, pero en cualquier caso, nada sería tan trivial como la división moral de la población en “gente buena” y… el resto de gente. 

Punto 2: Si no existe la gente buena, sino que existen personas, gente en general; así mismo, no existen “cosas malas” con independencia de las personas a quienes les sucedan “cosas”, ni dichas cosas existen con independencia de las valoraciones que ellas hagan de estas cosas en sus vidas en el instante en el que las valores y por el tiempo que así lo hagan. 

Punto 3: Las cosas suceden. Las cosas no “les pasan…”. No existe algo así como un cierto orden moral en el que por razones místicas y ocultas, los “buenos” han de enfrentarse a “cosas malas”, y por eso "les pasan...". Esta sola idea, sumada a las anteriores deben revelar el nulo valor que se halla en sus letras, no obstante, ante la tentación, el populismo y la tendencia a leer y creer cuanta cosas hay en la calle presentada como “Best Seller” -como si ello fuera garantía de algo-, entraré a examinar la idea fundamental de este libro, encerrada en la frase: “No hagamos a los demás lo que no queremos que nos hagan a nosotros a los nuestros; no olvides que con el paso del tiempo, todo lo paga uno en esta vida” del autor del libro, Iván Gutiérrez Rodríguez. 

La increíble ley del talión espiritual

Las cosas va siendo, más o menos, que todo se paga en esta vida, y que aunque usted no lo crea, ni lo sepa, las cosas que le pasan, deben pasarle por algo, aunque la justificación espiritual, cósmica no esté clara, no la conozca y nunca la vaya a conocer. 

En este caso, este libro solo es el reflejo de la idea popular de “Todo se paga en esta vida”, o mejor, “Dios no se queda con nada”. Frases que indican (contrariamente a la creencia cristiana) que la justicia divina no viene en el más allá, sino que se vino pa’l más acá. Es decir, que al que algo malo hace se la van a cobrar, bien sea dios, la vida, el universo, la energía, el karma etc., y si no es en carne propia, será a través de sus descendientes.

Hasta aquí, ninguna evidencia se arroja más que “testimonios” de dulces e ingenuos creyentes que validan las fantasías del autor. Esto más o menos ya debería dar al lector una idea de la pobreza del texto referida anteriormente, pero para que los calificativos aquí expresados no sean culpados de vacíos y pretenciosos, hemos de indicar las causas que subyacen a la crítica: 

1. No todas las preguntas tienen respuesta: Es tan obvia en algunos casos la situación que me da pena hasta tener que escribirlo, pero no en vano la gente cae en errores por cuenta de no tener presente esa sencilla verdad “No todas las preguntas tienen respuesta”, y esto implica, que aunque caigamos en la ilusión (o seamos llevados al error como por este libro) de asociar hechos desconectados como personas y la valoración moral de los hechos que suceden en sus vidas, no es más que un acto de pretenciosa imaginación querer hallar causalidades morales, donde no las hay. 

Cualquier persona puede preguntarse un sinnúmero de cuestiones relativas a los más diversos órdenes, como el físico (¿a qué sabrá la carne de una vaca que crezca en un planeta que orbite Trappist- 1?), el filosófico (¿Cuál es sentido de la existencia?), el religioso (¿Cuántos ángeles caben en la cabeza de un alfiler?) o cosas menos interesantes ¿Por qué le pasan cosas malas a la gente buena?

Cada quien decide qué preguntar, de lo que no se desprende que tengamos la capacidad de dar un respuesta a la pregunta, y no me refiero a intentar responder, sino a genuinas respuestas que vayan más allá de las creencias personales del autor, por ejemplo, tal como es el caso.

En conclusión: Debemos reconocer nuestros límites, y no ir más allá de ellos, aunque la curiosidad no hale, es un acto de responsabilidad no embaucar a nadie por cuenta de nuestras pretensiones personales de querer responder lo que no se puede responder, en este caso, preguntas sobre la naturaleza moral esotérica de la existencia única base de los planteamientos del autor.

2. La venganza por mano ajena: Ahora bien, si por un lado debemos reconocer nuestros límites, y no ir más allá de ellos; por otro lado, debemos reconocer que esto del “karma” o de la naturaleza “moral”, de buenas y malas cosas que les pasan a las personas, deviene en la venganza por mano ajena. Es decir, “si todo se paga” es obvio que, alguien (dios, energía, universo) tomará la justicia en sus manos porque usted como individuo fue incapaz de lograr dicha justicia por medios materiales, efectivos y presentes. Así las cosas, entonces, esta esperanza en la justicia universal, no es otra cosa que la idea que de si te portas bien te irá bien, y si te portas mal, te irá mal. Pero si te fue mal, siendo bueno, la culpa es de otro y tú lo estás pagando, según la macro visión espiritual del autor del texto. ¿Y qué evidencia hay de dicha “justicia”? Solo gente que repite que es así, porque así les parece. 



CONCLUSIONES. 


1. La vida no es moral. No es ni buena, ni mala. La vida es.

2. Las ansias de querer encontrar respuestas llevan a muchos a negar la razón y su juicio por cuenta de creer en una respuesta, cualquiera que sea y por descabellada que sea. 

3. Debemos aprender a vivir con ciertas certezas y cierta incertidumbre, so pena de sucumbir ante engaños.

4. Este tipo de textos sólo son un reflejo de las creencias populares, que hallan eco y validación en aquellos que preguntan, y que responden ingenuamente una pregunta igual de ingenua. 

5. La perversa idea de que hay gente clasificada por “moral”, buenos y malos es tan peligrosa que merece otro post completo.

Referencia: 

Imagen tomada de: http://cde.laprensa.e3.pe/ima/0/0/0/1/9/19511.jpg

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