26/7/11

LOS FUMADORES: Somos una especie en vía de Extinción.



Por: Luis Oswaldo Bernal Correa

Bocanadas de aire enrarecido.

Cuando yo empecé a fumar con mis amigos del colegio la cosa no pasaba de ser una “prueba…” ¿De qué…? mmm… de esa madurez que adquieres cuando estás terminando el colegio y te espera la gran vida… pero muy pocos se atrevían a fumar de verdad, es decir, a tragarse el humo. Los demás (90%) sólo nos metíamos el cigarrillo en la boca… aspirábamos… inflábamos los cachetes, y como no podíamos respirar exhalábamos la bocanada de humo, bocanadas de aire enrarecido. Ahí más de uno “se dejaba caer”, pues cuando empiezas tratas de botar el humo sin que se te note la asfixia… y como todos éramos inexpertos terminábamos tosiendo como viejitos, y eso que no pasábamos de los 17 años.

Ya antes había intentado fumar como a los 12 o los 14, pero mis ganas de curiosear se toparon con el horrible sabor de un “Mustang Rojo”. El olor del cigarrillo encendido a la espera que de que yo lo aspirara me hizo desistir.

La tristeza se va con el humo

¿Cuán triste puede estar un joven a los 17 años de edad fuera de su casa, en una ciudad ajena, con sueños rotos, y acompañado de otros como él? La respuesta es: muy triste. Así estaba yo en Bogotá, en el lugar equivocado, haciendo las cosas equivocadas –eso lo sabría después-, arropado en las noches por el manto del silencio… de rencor… con el hastío de saberse autor de una mala decisión que compromete nuestras más profundas creencias… pero decisión que a lo ojos de los demás era tan minúscula que no pasaba de ser un arranque juvenil de esos a los que la gente “no le para bolas”… de esos por los que muchos se mueren… y después todos se preguntan ¡Qué pasó!

Sobrevivimos… hasta el día de hoy seguimos sobreviviendo a nosotros mismos y nuestras decisiones. Pero volvamos a “principiar” –qué hermosa palabra es principiar, es como un inicio pero más imponente[1]-, y pensemos que no hay adultos en la casa en la que comparto mi vida durante un año con mis 6 compañeros de aventura… entre ellos hay uno que antes de venir aquí tuvo una vida muy agitada -él ya sabe de la vida lo que necesita- con él y una excelente amiga (coterránea) quien no sucumbe ante el frío ni la tristeza como yo… empiezo a fumar… poco a poco… me arriesgo a cometer mis errores al aspirar… me empiezo a quemar la garganta con el humo… me empiezo a marear… pero también empiezo a dominar el arte de la dulce manipulación de la extensión física de mis tristezas… mi cigarrillo.

No sé por qué fue el cigarrillo y no otro vicio (¡Porque hay tantos!); no sé si porque fue uno con el que no había llegado a buen término… no sé si era por lo aceptado socialmente, no sé si era porque en tantas películas que uno ve… ¡pues ahí está el bendito! acompañando escenas importantes… En fin, la cosa es que pude haber cosificado mi pena y mi tristeza en el deporte, o en la iglesia y en las oraciones, pero la verdad cualquiera de las anteriores me hubiera impedido pensar en mis tristezas… en cómo había escogido el camino equivocado… en cómo le haría para salir de ese atolladero existencial… yo, un pelao que no superaba los 18 años, y quien hacía un año estaba en la confortable calidez de su hogar del que no había salido por más de un mes… ¡cómo supera uno el derrumbe de un proyecto de vida de quien iba a ser un santo de esos con sotana y roquete[2]!

La ciudad me recibió en sus noches… con sus fríos eternos que invitan al Coctel de Café negro y cigarrillo. La ciudad y mis amigos… mis preciados amigos de tristezas y repulsión, de decepción y ansiedad, de laudes y pecado… mis hermanos me acompañaron mientras forjaba el ritual del fumador… una hora… una causa… una repetición: una cajetilla de cigarrillos.

Una Cajetilla lo cambia todo

Mientras sigas fumando de uno en uno no habrá problema –te dices-, pero cuando tu frecuencia aumenta… cuando ya no tienes $100 pesos para el siguiente y piensas que con lo que compraste 8 cigarrillos habrías podido comprar 10 Cigarrillos en su cajetilla[3]… ahí… justo ahí…te habrás convertido en un fumador. Después vendrán los fósforos[4], la “candela”[5], los chiches o la menta –para quitar el mal aliento-, y así, destinados a un vicio de pocos (o de muchos) nos uniremos por el vicio… socializaremos entre extraños, empezamos a ofrecer cigarrillos a quien no tiene, ofrecemos encender el cigarrillo a quien lo necesite… empezamos a sub-clasificarnos por marcas… por sabores de alquitrán y nicotina… con filtro… sin filtro… con menta… con canela… extra largos… puros… baratos… caros… y al final… sobreviremos en guetos de viciosos… unión de solitarios… unión de independientes de la salud... dependientes del humo.

En el humo de otros tiempos

Al final los años pasan… los recuerdos se vuelven grises y nos quedó el cigarrillo anclado en nuestra costumbre, en nuestros rituales, en nuestros amigos fumadores… en mi caso mis grandes amigas han sido fumadoras (la mayoría)... y lo siguen siendo… he aquí nuestra vida de fumadores.

Ahora bien, en los últimos tiempos las nuevas generaciones aman más la salud que la libertad, y tienen sus razones, yo soy hijo de un siglo que se murió y me dejó vivo y con plena consciencia en el inicio del siguiente tiempo… Enseño a los nacidos en este nuevo tiempo cuya mayor preocupación es la falta de conexión en su teléfono celular… su particular forma de ser “vacía” por decirlo menos. Su trascendencia está dada por el dinero en su bolsillo, la película “estreno” en el cine y el centro comercial… por su moda… por su tiempo, no tienen más conciencia que la brindada por una pantalla de un computador. En fin, ellos nos vienen reemplazando… ellos vienen a ser los jóvenes… tienen otros vicios y otras maneras de matar la vida. Nosotros de este lado los vemos tras las volutas de humo.

El Exilio de los “perjudiciales para su salud”.

Ya no tenemos bares para fumar… ahora nos hacen fumar afuera (incluso de la casa) porque adentro en los restaurantes y bares incomodamos y contaminamos, ahora que estamos afuera contaminamos afuera y nos piden irnos de los parque y de los sitios públicos porque contaminamos… al parecer más que un automóvil… ¿o será porque el cigarrillo no les sirve a todos para transportarse? ¿Quizás no es obvio para todos lo que transporta el cigarrillo y el humo? Pero antes moriremos nosotros que los demás en aprender el ritual del cigarrillo y comprendernos.

¿Entonces por qué seguimos fumando?

Porque nos gusta, a mí me gusta.

¿A qué sabe un cigarrillo?

A humo viejo… a recuerdo propio… a frío de la noche.

Es cierto, tendremos que morir… ya quedamos pocos. Mi padre dejó de fumar antes de que naciera para que no lo conociera como fumador… mi abuelo paterno era fiel a su cigarrillo y tenía la suprema habilidad de hablar con el cigarrillo en la boca sin que la ceniza se le callera… ¡Qué hábil era el viejo! Ojalá hubiera vivido un poco más: Murió de Cáncer en los Pulmones.
Todos moriremos… pocos trabajamos en ello tanto como nosotros los fumadores, y sin embargo, no hay pena ni pesar… ¡No tenemos deberes ulteriores con la vida más que el de vivirla como se nos venga en gana! Somos el último periplo de la libertad absurdamente individual que contradice a una sociedad de saludables ¿humanos?

Somos los últimos decadentes… somos los últimos de una generación nacida en el siglo XX cuando el cigarrillo fue una de las empresa más prósperas y boyantes del mercado americano. Somos los últimos que conocimos el “hombre Malboro”, los últimos que vimos eventos deportivos patrocinados por productos en contra de la Salud como la “Copa Mustang (futbol)”.

Mi hija me conocerá como soy, y aprenderá conmigo de un siglo muerto mientras ella crea el suyo propio y yo me fumo el recuerdo del mío.

Mientras tanto…

Mientras ustedes terminan de leer este escrito… me iré a fumar un cigarrillo… convocando a los demonios del pasado… mientras me vuelvo más viejo… mientras muero y me convierto en una estadística… mientras pienso en mi abuelo… mientras pienso que me gusta saberme vicioso porque es el mayor grado de honestidad pública que tengo, mientras pienso que mi capacidad de comprender aumenta con mis vicios, mientras que la capacidad de comprender de los otros “los saludables” disminuyen con sus dietas y ejercicios.





Nos veremos tras el Humo

************************************SOLO PARA CURIOSOS:



NO POR AMAR EL TABACO... NEGAMOS SUS EFECTOS



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[1] Será por eso que en la Biblia el Génesis dice “en el principio…”. De ser así Dios tiene la fortuna de pensar igual que yo, o por lo menos el mentiroso que puso a trabajar a Dios haciendo el universo en 7 días pensó que sonaba más imponente que… “en el inicio era Dios”…o en el “arranque era Dios”.
[2] Nótese la exageración
[3] Medio Paquete o “un medio”.
[4] Cerillos

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