25/4/11

Sobre los inmortales

A Jefferson Murillo, el primer inmortal que conocí en vida.







Por : Luis Oswaldo Bernal Correa

No hay nada absoluto en la vida por más que lo pienso, pero quizás haya cosas que sean deseables, muy deseables, sobre todo cuando de morir se trata porque hasta donde sabemos ese es nuestro límite… el cese de toda actividad o lo que llamamos “vida”. La eternidad nos está negada, como todo lo que atribuimos imaginaria o fervientemente a Dios o a los Dioses, de suerte que ¿A qué podemos aspirar una vez terminada la vida?

La verdad, sólo podemos aspirar al recuerdo o al olvido. Del olvido no hay nada que decir, sucede, como la lluvia. Sin embargo, del recuerdo podemos esperar dos cosas, el tránsito lento del recuerdo al olvido en cosa de dos generaciones, o la perdurabilidad en la mente, las palabras y los escritos de quienes se niegan a dejar que el tiempo y las nuevas generaciones crezcan sin saber de nosotros: el recuerdo es cosa de valor.

Así pues, sólo al final sabremos porqué valemos para los otros, y de hecho en vida, con dificultad se puede responder a esta pregunta; pero muertos ya, sin temor o recelo, es fácil sopesar las cosas, una vez el cuerpo –que es todo lo que sabemos de la vida- yace inactivo sin fuerza que lo mueva a voluntad. Entonces, sólo entonces todos podremos confesar qué es lo que valemos… y si acaso valemos más que nuestro peso en lágrimas, tendremos el goce insensible de ser llamado INMORTAL.