3/3/10

Bogotá Paro de Transportadores: De los mejores paros…

(Gracias a Marie por el título)



Por: Luis Oswaldo Bernal Correa

Ayer amaneció más temprano que de costumbre, pero quienes abrieron el día no fueron los habituales conductores de los buses de transporte urbano que dejando garajes y familia realizan su recorrido levantando a la ciudad. Esta vez fueron los pasajeros quienes ganaron al alba sus minutos más preciados para poder rifarse un lugar en el macabro sistema de transporte articulado: Transmilenio.
¿La razón? Por fin estamos en un paro de transporte. Y apreciado lector, si quiere alármese y no siga leyendo, porque puede resultarle más incomodo escuchar esta verdad que la esclavizante rutina de buscar un espacio digno para su cuerpo en un bus articulado.

¿El problema?
La cosa es que hay una pelea entre una gobierno distrital que propone un sistema integrado de transporte pagando un irrisorio precio a los dueños de los buses por su integración al sistema, y unos propietarios que ven afectada su economía con el mencionado sistema cuya implementación es inminente. Con esta somera mención, dejo atrás el paro en cuanto a sus causas aunque de paso digo, que apoyo a los transportadores.

Primer día de paro:
El lunes 1 de marzo de 2010, la mayoría de bogotanos compartieron una realidad que para muchos es inexistente: la barbarie de ser un pasajero de Transmilenio. Esto, para no entrar en detalles infructuosos, devino en el colapso del sistema, el cual, valga decir, colapsa cotidianamente. ¿Por qué sigue funcionando? Por la misma razón que el proyecto de una sociedad igualitaria y libre de pobreza no ha sido posible: la insolidaridad y el individualismo propio del una raza amaestrada (y por si hay algún señalamiento moral, tranquilos; sí, yo estoy ahí).


Segundo día de paro:
El martes 2 de marzo de 2010, miles de personas conscientes del creciente caos en el transporte de Bogotá optaron por enfrentarse a la ciudad de maneras alternativas. Pero enfrentarse a la ciudad es enfrentarse a miles de personas con necesidades muy diferentes, y el punto a señalar es que, si cotidianamente las necesidades, insatisfacciones y molestias de las personas que usan el transporte público para movilizarse por la ciudad suele camuflarse entre  empellones, maltratos y la permanente actitud de creer que sólo usted… cada uno… cada una… son los que tienen afán… esto se vuelve incontenible cuando el pésimo sistema de transporte (Transmilenio) que soportamos, y que funciona gracias a nuestro ilimitado conformismo se viene abajo cuando más usuarios se ven obligados a entrar a el. ¡Ah! ¡Y no digan que el sistema colapsó porque miles de usuarios se volcaron sobre el! No; reconozcan que el sistema con unos cientos de usuarios ya estaba en crisis, de allí, las filas interminables para comprar tarjetas (pasajes), abordar los buses rojos (latas de salchichas) o salir del infierno de gentes, de cuerpos, de nosotros mismos y nuestras necesidades.

Así volvemos al párrafo con el que empezamos, volvemos a la mañana que acompaña a los caminantes que no pueden darse el lujo de faltar a sus trabajos, acompañamos a los desesperados que ven cómo un sistema les cobra el pasaje más caro de Bogotá para contenerlos en los portales y las estaciones porque no hay buses con qué transportarlos  a ninguna parte, acompañamos a los nuevos ciclistas (dentro de los que me incluyo) que llegamos a nuestros trabajos pedaleando desde nuestras casas.

Dignas Idioteces
Hablemos de las idioteces y no de sus portadores para que nadie resulte afectado. Las idioteces que apropósito del paro he visto aparecer -sobre todo en los medios de comunicación- me causan risa y preocupación, dado que las comparten las “billeteras” y los “cargos” más importantes de la ciudad. Empecemos por la primera: los que aceptan la protesta pero esperan que nadie salga afectado: ¡Sorpresa! Si nadie sale afectado, no hay genuina protesta. Alguien tiene que incomodarse aparte de quien protesta, esa es la idea, hacerse notar mediante la alteración del orden: este perverso orden en que vivimos.

Ahora, la segunda, si de daños se trata, hay que irse con cautela porque pululan ciertos periodistas, locutores o comunicadores quienes habitan una ciudad de fantasía, generalmente ubicada entre ciertas calles del norte de Bogotá, para quienes les resulta intolerable que sucesos de esta índole se presenten, y ante los bloqueos, los gritos, los insultos, y la insoportable situación de hallarse sin salida… cuando ya no bastan los discursos, cuando la fe (idiotez) se pierde, creen que lo  “natural” sería irse a casa.

A ellos les digo: No, la calle es el escenario de protesta, que emerge de la indignación, y no hay manera de saber qué pasará en los humanos cuando se ha sobrepasado su capacidad de agachar la cabeza. Valga decir que el vandalismo aparece cuando uno menos lo espera.

Mezquindad o necesidad
La ciudad a la que todos nos enfrentamos está hecha de carne y hueso; y mientras los que se ven afectados son aquellos suertudos que van a trabajar en un país con un altísimo desempleo, en un paro de estos, los desempleados aparecen para hacer su “agosto”, y dada la situación aprovechan para convertir sus carros, camionetas…y cualquier medio de transporte en su pequeña feria, así que ante la demanda…ya se imaginarán lo que pasa con los precios de transportarse…cerca o lejos…siempre saldrá costosísimo. Lo que para unos es una gran molestia para otros es su nuevo empleo temporal.

Salud…siempre es buena:
Exceptuando a las personas que están enfermas y deben transportarse en automóvil, esta ha sido una oportunidad inmejorable para usar medios ecológicos y alternativos de transporte como la bicicleta, de la cual  soy un nuevo usuario. No tengo más que agradecer, pese al cansancio y el maltrato físico, la oportunidad de ejercitarme. Igualmente, quienes tienen  que caminar ganan mucho antes que perder, cuando se ponen en marcha. Ahora la ciudad fluye por otros ríos, que por lo menos son más humanos que los que usamos cotidianamente. Y lo más sorprendente, es que vemos personas recogiendo a  otras en sus automóviles y acercándolas a sus sitios de trabajo, vemos automóviles ocupados en su totalidad, y no como antes, conductores estresados buscando el primer pleito del día con algún conductor o motociclista… aunque realmente suelen pelear con cualquiera.

El problema de fondo:
Y bueno, después de tantas cosas ha de señalarse claramente que la ciudad no entró en crisis por el paro de transportadores, y la situación actual no tiene en los transportadores su origen. Es gracias al paro que se ha destapado la intolerable situación cotidiana de una ciudad sin calles y sin medios de transporte humanos y eficaces, se revelan los sobre costos, se revela el caos y abuso endémico al que nos hemos acostumbrado; una ciudad con exceso de automóviles, con exceso de motociclistas, una ciudad que quedó pequeña para la cantidad de personas que se movilizan… por esto, es que este es el mejor de los paros, un paro que levanta la venda de los ojos y alarma o todos los ciudadanos ¿Qué políticas se crearán para mejorar el problema de fondo?

Adenda
Ojalá el conformismo no gane otra vez esta batalla por la dignidad humana, ya que la última vez que la ganó, fue cuando los bogotanos leyeron por primera vez en un bus de Transmilenio la capacidad de pasajeros de pie.




Gustavo Petro Habla en la W radio. Marzo 3 de 2010.

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